Muchas empresas dudan a la hora de iniciar una auditoría porque no saben qué esperar en la práctica. Este es el desarrollo real, sin zonas grises.

Semana 1: Inmersión en el negocio

La auditoría comienza con una serie de conversaciones con las personas que realizan el trabajo día a día, no solo con la dirección. El objetivo es comprender con precisión en qué se invierte el tiempo, qué tareas se repiten y qué se ha intentado o considerado ya.

Semana 1-2: Identificación de tareas automatizables

No todas las tareas son iguales frente a la IA. Algunas se automatizan bien; otras, pese a las apariencias, se resisten porque requieren un juicio humano difícil de formalizar. Esta etapa distingue las candidatas serias de las falsas buenas ideas.

Semana 2: Cuantificación del beneficio esperado

Para cada opción seleccionada, la auditoría cuantifica lo que aportaría (en euros o en horas liberadas), con las hipótesis explicitadas, de modo que la cifra siga siendo verificable en lugar de una promesa absoluta.

Semana 2-3: Recomendación por escrito

La auditoría concluye con un documento escrito, utilizable con independencia de cualquier continuidad. Puede recomendar construir una herramienta concreta, o concluir que ningún proyecto se justifica por el momento: esto ha ocurrido y es deliberadamente posible.

Lo que la auditoría no es

El documento es útil incluso si concluye que no hay que construir nada. No vendemos un estudio para vender un proyecto.