Cada ola tecnológica beneficia primero a las mismas empresas. Cuentan con el equipo, el presupuesto y el departamento de TI para absorber el cambio antes que nadie. Las demás observan, se adaptan cuando pueden y pagan más cuando por fin lo consiguen.
Con la inteligencia artificial, decidimos invertir esta lógica desde el primer día. Casi una de cada dos pymes ya ha puesto en marcha un proyecto de IA: la voluntad existe. Nuestro papel es poner en sus manos herramientas pensadas para su negocio, en igualdad de condiciones que las de un gran grupo.
Esta es la convicción sobre la que se fundó Sundatalab. No es un eslogan: es un principio que guio la primera herramienta que construimos, para nosotros mismos. Isalis no nació de un plan de producto en una sala de reuniones. Nació de una necesidad real, el día en que producir contenido de marca a mano dejó de ser viable.
Lo construimos para nosotros. Después, otros directivos, enfrentados al mismo muro, nos pidieron lo mismo para su negocio. Se convirtió en nuestra razón de ser.
Merecen herramientas a la altura de ese papel: no las sobras de la innovación, una vez que los grandes grupos han terminado con ella. Ayudar a una empresa de veinte, cincuenta o cien personas a crecer gracias a la IA es ayudar a la economía real a avanzar, no simplemente añadir una línea más a un catálogo de productos.
Democratizar la IA no consiste en hacerla más sencilla. Consiste en hacerla justa.
Hacer que la inteligencia artificial también beneficie a quienes no cuentan con los recursos de los grandes grupos.
La IA ha creado una nueva brecha: por un lado, las empresas que cuentan con equipos, presupuestos y tiempo; por otro, la inmensa mayoría. Esta brecha se debe al acceso, al coste y a la competencia: no a una fatalidad técnica.
Que una empresa de treinta personas utilice la IA con la misma naturalidad, y la misma eficacia, que una empresa de tres mil.
Se alcanzará el día en que un directivo ya no se pregunte si puede permitirse la IA, sino qué herramienta resuelve su problema, igual que ocurre con su contabilidad o su telefonía.
Diseñar, construir y operar herramientas de IA que hacen crecer a las empresas.
Las nuestras, disponibles bajo licencia. Las suyas, construidas a medida.
Un valor que no se demuestra es un adorno.
Al final de cada proyecto, hay una herramienta que funciona: no un informe.
Nuestras auditorías se facturan y, en ocasiones, concluyen que no hay que construir nada.
Cada proyecto se presenta con el efecto esperado, en euros o en horas.
Isalis funciona primero en Sundatalab antes de funcionar en cualquier otro lugar.
Una primera entrevista para comprender su situación, sin ningún compromiso por su parte.